El «Gallego Soto», una leyenda vigente
La leyenda de Antonio Soto la conocí gracias a la pasión investigadora y divulgadora de Osvaldo Bayer, primero por su formidable libro «Los vengadores de la Patagonia Trágica», luego por la película «La Patagonia Rebelde», dirigida por Héctor Olivera e interpretada, entre otros, por Luis Brandoni en el papel del gallego Soto.
Corría el año 1973, y tenía yo dieciocho años cumplidos, cuando, junto a mi entrañable amigo y siempre compañero Carlos Gabaldón, vimos la película en la pantalla del desaparecido Cine Belgrano de Ramos Mejía –en el conurbano bonaerense, donde aún vivía–. Salí del cine conmovido y doblemente orgulloso por la condición gallega del máximo dirigente de la revuelta y por la gesta de los obreros patagónicos enfrentados a la todopoderosa oligarquía anglo-argentina.
La lucha por la dignidad de las personas quedaron silenciadas con el envío de la fuerza militar –por parte de un gobierno constitucional–, so pretexto de «defender la integridad y la identidad nacional amenazada por fuerzas extranjeras», dejando un saldo de mil quinientos obreros asesinados.
Paradójicamente, en marzo de 1976, las mismas fuerzas armadas se sublevan, otra vez, contra el gobierno elegido por el pueblo y, amparados por las prerrogativas constitucionales del gobierno de Isabel Perón –de actuar contra la guerrilla–, violentan nuevamente la vida argentina dejando un saldo de más de treinta mil detenidos-desaparecidos, que, según ellos, eran «agentes extranjerizantes y perturbadores al servicio de la desintegración nacional».
Y pasaron los anos…, La oligarquía expropiadora del territorio argentino –rancia y nacional catolicista– siguió tejiendo alianzas con los enemigos del pueblo e instrumentalizando sectores de la sociedad para sofocar las ansias de progreso y democracia siempre latentes en la sociedad argentina.
Hoy, como ayer, la integridad, la firmeza y la audacia en la lucha de personas como el Gallego Soto, son fundamentales para resistir los embates de las oligarquías multinacionales que juegan perversamente contra los intereses de las personas, de los pueblos y de las naciones.
