Para Norberto Urquiza, en su memoria
Un hombre mayor avanza hacia su pasado cargando dificultosamente un pequeño ataud marrón. Las personas que acompañan construyen un aura de silencios, de ausencias y de sentimientos contenidos y han desistido en ayudarle. Saben que su caminar lento es por el peso del vacío, por el cariño no recibido y por la falta de la mano firme en el hombro que empuja hacia la vida…
El hombre detiene su andar frente al nicho familiar. Gira y en silencio mira a cada uno de los allí presentes. Las fuerzas no le permiten levantar el ataud como ofrenda a la vida y a la libertad, pero sí sujetarlo entrañablemente contra su pecho y depositarlo junto a los restos de su madre.
Mientras el hombre que veo da sereno y digno descanso a los restos de su padre –hallados en una fosa común despues de 74 años de asesinado por el falangismo en 1936–, el niño que intuyo corre feliz junto a su padre por el camino de la vida.
