Para Norberto Urquiza, en su memoria

Xul 05 2010

Un hombre mayor avanza hacia su pasado cargando dificultosamente un pequeño ataud marrón. Las personas que acompañan construyen un aura de silencios, de ausencias y de sentimientos contenidos y han desistido en ayudarle. Saben que su caminar lento es por el peso del vacío, por el cariño no recibido y por la falta de la mano firme en el hombro que empuja hacia la vida…

El hombre detiene su andar frente al nicho familiar. Gira y en silencio mira a cada uno de los allí presentes. Las fuerzas no le permiten levantar el ataud como ofrenda a la vida y a la libertad, pero sí sujetarlo entrañablemente contra su pecho y depositarlo junto a los restos de su madre.

Mientras el hombre que veo da sereno y digno descanso a los restos de su padre –hallados en una fosa común despues de 74 años de asesinado por el falangismo en 1936–, el niño que intuyo corre feliz junto a su padre por el camino de la vida.

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